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Jaquie Ayala Vences: un ejemplo de constancia y generosidad

—La gelatina ha significado conocimiento y explotar mis talentos—

Una flor inyectada despertó la curiosidad de Jaquie Ayala Vences y dio origen a Gelatinas Consentidos, un proyecto que desde hace aproximadamente veinte años combina técnica, creatividad y atención a cada cliente.

De vender sus primeras gelatinas en diez pesos a crear gelapasteles de gran formato e impartir cursos, Jaquie comparte cómo el conocimiento, la constancia y el uso de productos Duché le han permitido encontrar un sello propio.

Hace aproximadamente veinte años, Jaquie Ayala Vences recibió de quien entonces era su novio y hoy es su esposo una gelatina con una flor inyectada. En ese momento, esta técnica era poco conocida y la pieza despertó inmediatamente su curiosidad: “Yo era de: ‘¿Pero cómo es esto? ¿Dónde la compraste? Necesito aprender a hacerlo’”. Aquella pregunta se convirtió en el comienzo de Gelatinas Consentidos, un proyecto con el que ha elaborado piezas artísticas, participado en concursos, impartido clases y acompañado momentos especiales de muchas personas.

Desde sus inicios, Jaquie ha trabajado con nuestra grenetina Duché, primero con La Dorada y posteriormente con Especial Chef: “La chica que me enseñó trabajaba con Duché, así que desde hace veinte años ha sido mi marca”. Entre las ventajas que reconoce se encuentran la rapidez de gelificación, la transparencia y la resistencia que obtiene en sus piezas: “Me gusta mucho que gelifica muy rápido. La preparo, la meto al refrigerador y, en lo que estoy haciendo otra cosa, ya está lista para ponerle la siguiente capa”. Esto ha sido fundamental en la elaboración de gelapasteles de gran tamaño, “todos mis pasteles han sido con grenetina Duché y soporta el peso sin problema, no se rompen; también se han ido a otros estados, la semana pasada envié uno a Hidalgo y llegó en perfecto estado”. 


A lo largo de su trayectoria también ha incorporado otros productos Duché como las esencias, los colores en gel, el bióxido de titanio y el ácido cítrico. Las esencias le permiten adaptar cada creación a los gustos y temáticas de sus clientes: “Podemos darles una mayor variedad. No precisamente tiene que ser de leche o de agua, puede ser de lo que tú quieras. No es como decir: ‘La gelatina verde nada más puede ser de limón’. Puede tener el sabor que quieras”. Su favorita es la de manzana verde, cuyo aroma se relaciona de manera especial con el nombre de su negocio.

El comienzo de Gelatinas ConSentidos

Después de recibir aquella primera flor inyectada, Jaquie averiguó quién la había elaborado y consiguió que su creadora aceptara darle un curso durante una semana. En ese tiempo no existían las gubias que hoy se utilizan para facilitar algunos diseños, por lo que aprendió completamente con jeringa.

“Fue un curso muy completo y detallado. Ella no se enfocó solamente en enseñarme la técnica; fue más allá”, recuerda. Además de practicar la inyección, preparaba las recetas, esperaba los tiempos de gelificación y observaba cómo se comportaban las piezas dentro y fuera del refrigerador.


Jaquie todavía era estudiante y no contaba con los tres mil pesos que costaba el curso, por lo que su maestra le permitió pagar la mitad y cubrir el resto cuando comenzara a vender sus gelatinas. “Terminé el curso y pensé: ‘¿Ahora dónde las voy a vender? Necesito conseguir esos mil quinientos pesos para completar el pago’”.

Acompañada por su esposo, comenzó a recorrer centros comerciales y ofrecer sus primeras gelatinas de local en local. Las piezas se vendían en diez pesos y fueron muy bien recibidas. De la reacción de las personas surgió también el nombre Gelatinas Consentidos.

“ConSentidos es una palabra con doble intención. Es ‘con sentidos’ porque las personas las veían y decían: ‘Qué bonitas se ven’; después decían: ‘Qué rico huelen’ y, cuando se las comían, también les gustaban. Entonces pensé que esos tres sentidos comenzaban a despertar. Y también es consentir a mis clientes”.


Con el nacimiento de su hijo, el proyecto quedó durante algún tiempo en pausa. Jaquie continuó preparando gelatinas para reuniones familiares o pedidos esporádicos, hasta que la aparición de nuevas técnicas, como los transfers y las gelapaletas, volvió a despertar su interés: “Empecé a ver todo lo que se podía hacer y dije: ‘Vamos a volvernos a meter en esto’”.

La gelatina es toda una ciencia

La formación que recibió al comienzo se convirtió en la base para continuar aprendiendo. Jaquie comenzó a observar clases, investigar y experimentar con nuevas técnicas, pero ya contaba con conocimientos que le permitían comprender los procesos con mayor profundidad.

“Si en un video mezclaban dos o tres segundos y decían que ya estaba lista, yo sabía perfectamente que tenía que llegar a cierta temperatura para que no quedaran cristales, pero tampoco podía llegar a una temperatura tan alta”, explica.

Para ella, hacer una gelatina no consiste solamente en añadir más o menos grenetina. Es necesario conocer las condiciones en las que será presentada y transportada: “Hay que saber si la gelatina va a estar afuera durante todo el evento, si la pueden tener en refrigeración, cuánto tiempo la voy a transportar, si será de día y le dará el sol de mediodía o si la transportaré en la noche. Todo eso requiere modificaciones en nuestras recetas”.

Este conocimiento le ha permitido resolver retos cada vez más complejos. En uno de sus primeros concursos presentó una gelatina inspirada en *La bella y la bestia* y obtuvo el tercer lugar. Posteriormente creó una bolsa de Louis Vuitton cuyas asas tenían movimiento.


Actualmente, entre sus piezas favoritas se encuentran los gelapasteles porque cada pedido la obliga a continuar investigando: “Los clientes te ponen retos. Piensas: ‘¿Cómo voy a hacer esto?’. Entonces tienes que hacerlo, sacarlo y que quede bonito”.

Una de sus creaciones recientes fue una gelatina de aproximadamente nueve litros distribuida en dos pisos. La pieza tenía que soportar su propio peso y, además, ser trasladada fuera de la Ciudad de México. “He hecho gelatinas de dos pisos, pero más pequeñas. La de abajo tenía que soportar el peso de arriba y también había que transportarla. Llegó en perfecto estado”.


Compartir saberes

Además de elaborar gelatinas, Jaquie imparte cursos presenciales en los que busca enseñar con el mismo cuidado y nivel de detalle con el que ella aprendió. En sus clases recupera la técnica con jeringa y ayuda a sus alumnas a controlar la presión necesaria para formar cada pétalo.

“Mi maestra me decía que antes de inyectar tenía que presionar hasta que saliera una gotita. Así aprendí a dosificar y a dominar mi fuerza. Si salía el chorro, ella decía: ‘Una gota, una gota’”.

Aunque actualmente muchas personas prefieren utilizar gubias, Jaquie considera que la técnica con jeringa ofrece una satisfacción distinta, pues la flor se forma a través de una pequeña abertura: “Cuando entregas la gelatina, la gente pregunta: ‘¿Pero cómo metiste la flor ahí adentro?’”.

Uno de los aspectos más entrañables de la enseñanza son los mensajes que recibe de sus alumnas: “Algunas me dicen: ‘Llegaste en el momento en que más te necesitaba, porque con lo que aprendí en el curso pude sacar adelante a mi hija’, o ‘me ayudaste a salir de la depresión en la que estaba’. Son mensajes que de verdad te llegan y te hacen pensar: ‘Estoy haciéndolo bien’”.

Jaquie reconoce también la importancia de la red de apoyo que la ha acompañado. Su esposo, su hermana y otras personas cercanas han compartido sus creaciones, recomendado su trabajo y ayudado a que llegue a nuevos clientes: “Esa red de apoyo es bien importante para poder crecer”.


Crear un sello propio

Al preguntarle qué ha significado la gelatina en su vida, Jaquie responde: “Conocimiento y explotar tus talentos. Transformar esa repostería y ver cómo los clientes se sorprenden. Ver a las personas disfrutar su gelatina, esa felicidad que me comparten y me transmiten aumenta también mi felicidad y me llena”.

Para ella, una parte esencial de su trabajo consiste en escuchar y resolver las necesidades de cada persona. Esto puede significar ajustar el sabor, el color o la estructura de una pieza, pero también coordinar la entrega para que llegue en las mejores condiciones.

“A mí me gusta que mis clientes no se preocupen. Que no tengan que decir: ‘Además tengo que ir a recogerla’ o ‘No sé dónde refrigerarla’. Yo trato de solucionarles. No les complicas más la vida y eso te lo agradecen muchísimo”.

Este servicio forma parte del sello que Jaquie recomienda encontrar a quienes comienzan un emprendimiento. “A lo mejor otras personas pueden hacer lo mismo, pero tú no te puedes quedar ahí. Tienes que ponerle ese plus, ese algo que te haga diferente de los demás”.

Su consejo parte de una historia que comenzó con piezas pequeñas y ha crecido gracias a la práctica, el conocimiento y la constancia: “Que se animen a intentarlo. Yo no empecé vendiendo una gelatina de mil trescientos pesos; empecé vendiendo gelatinas de diez pesos en un centro comercial, y mira hasta dónde se puede llegar”.

¡Gracias, Jaquie, por compartir tus conocimientos, por consentir a tus clientes a través de todos sus sentidos y por demostrar que una pequeña flor inyectada puede convertirse en el inicio de una gran historia! Enhorabuena para Gelatinas Consentidos y que continúen los aprendizajes, las clases y los nuevos retos.