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La firmeza de volver a empezar: la historia de Ana Karen Ochoa Barrera

 

La gelatina me dio la firmeza que yo necesitaba como mujer.

Hay historias que nacen cuando una mujer decide sostenerse. Ana Karen Ochoa Barrera lo expresa con una claridad que atraviesa su camino: “la gelatina me dio la firmeza que yo necesitaba como mujer… hay días en los que quieres tirar la toalla, pero en ella encontré esa firmeza de decir: aquí sigo, aquí estoy”. En esa frase se concentra un proceso profundo de transformación que hoy inspira a otras mujeres.

En su práctica diaria ha construido una relación cercana con los productos que utiliza: “la grenetina Duché no tiene olor; deja mis gelatinas firmes, pero no duras, es decir, no pierde su consistencia y a mis clientes les gusta eso”, comparte. En esencias encuentra un aliado creativo: “me encanta la de manzana verde, con muy poquito el aroma y el color que da es muy agradable”. Sobre las Gelatinas Duché comparte, “cuando la hago para aquí para casa, que no desmoldo, la verdad es que no necesito ponerle más ni saborizante ni esencia. Me gusta el aroma y el sabor que tiene”.

Esta historia recorre un camino de reconstrucción personal, aprendizaje constante y crecimiento desde lo cotidiano. En la entrevista completa, Ana Karen comparte cómo comenzó, los momentos que marcaron su proceso y la forma en la que hoy construye su proyecto. Una lectura que invita a conectar con lo propio. 


El inicio: entre la búsqueda y el descubrimiento

Ana Karen no era la más cercana a la cocina y menos a la fabricación de postres, en realidad comenzó su camino en las gelatinas como una necesidad profunda que fue tomando forma con el tiempo. En medio de la vida cotidiana, comparte un momento clave: “empecé a sentirme mal emocionalmente, entre ser mamá, ama de casa, esposa, yo sentía que me estaba perdiendo como mujer”. Esa sensación la llevó a buscar acompañamiento y, dentro de ese proceso, su terapeuta le sugirió algo que se volvió fundamental: construir algo propio, que hiciera con sus manos, que ocupara su mente y, además, le permitiera recibir una remuneración por esa labor.

La gelatina ya formaba parte de su entorno, pero su dominio técnico se fue desarrollando poco a poco. Sus primeras experiencias estuvieron llenas de ensayo y aprendizaje: “la gelatina no me quedaba, la parte de arriba no se cuajaba bien y la de abajo era completamente un plástico, no había forma de que me quedara”. Otro de los momentos que recuerda con mayor claridad fue su primer intento con transfer, en el que buscó experimentar y el resultado no correspondió a lo esperado: “le puse coco rallado y cuando pegué el transfer no se pasó toda la imagen”; sin embargo, la reacción de quienes recibieron la gelatina le ofreció otra perspectiva, ya que “las personas la vieron y les encantó y yo decía ‘es que así no debía quedar’”. Ese momento se convirtió en un punto de aprendizaje que fortaleció su proceso y a partir de ello decidió capacitarse, primero con cursos en línea y foros y después profundizar en talleres presenciales.

El crecimiento: construir desde lo cotidiano

El desarrollo de su proyecto se dio de manera progresiva, acompañando su propio ritmo. Comenzó llevando gelatinas al trabajo de su esposo, compartiendo su trabajo en redes sociales y atendiendo pedidos que surgían entre conocidos. “Me empecé a anunciar en grupos de Facebook, entre conocidos me empezaron a pedir. La mayoría de mis ventas fue de boca en boca”. Ese crecimiento orgánico le permitió consolidar una base de clientes que valoraban tanto el producto como el trato cercano que ofrecía.

Con el tiempo, su trabajo encontró mayor alcance, incluso en contextos complejos. “Fue donde más pedidos tuve y más me di a conocer con la gente”. Esta etapa fortaleció su confianza y le permitió reconocer la solidez de su emprendimiento. Fue afinando su técnica y su relación con los materiales, encontró en la grenetina Duché características que respondían a su forma de trabajar y esa consistencia aliada se ha convertido en un elemento clave en la experiencia final de quienes consumen sus creaciones.

Dar clases: compartir lo que se ha construido

El deseo de enseñar estuvo presente desde etapas tempranas de su proceso: “yo me imaginaba que algún día podría dar una clase”. Esa idea tomó forma cuando decidió mostrar su trabajo y abrirse a nuevas posibilidades. “Con todo el temor le escribí a la maestra Anny Suárez y le mostré mis trabajos; ella sin dudarlo me dijo: ¡adelante!”. Jamás voy a olvidar que ella me abrió las puertas para convertir en realidad algo que para mí era un sueño”. A partir de ahí, comenzó a impartir clases y a formar parte activa de una comunidad donde compartir conocimiento también implica acompañar procesos.

El significado: una transformación personal

Cuando Ana Karen habla de lo que la gelatina ha significado en su vida, su respuesta sintetiza su experiencia: “la gelatina me dio la firmeza que yo necesitaba como mujer”. En esa frase se integra un proceso de reconstrucción que se ha desarrollado con el tiempo.

Esa firmeza se reconoce en el recorrido que ha construido: “hay días en los que quieres tirar la toalla; pero en ella encontré esa firmeza de decir: aquí sigo, aquí estoy”. 


El mensaje: sostener lo propio

Su mensaje se comparte desde la experiencia: “no se den por vencidas, no se pierdan en los roles cotidianos, no dejen de soñar y todo lo que hagan lleve un pedacito de ustedes”. Es una invitación a construir desde lo propio, a sostener los procesos y a reconocer el valor de cada paso. 

Tips desde su experiencia

Desde su práctica, Ana Karen comparte algunos aprendizajes que han sido clave en su trabajo diario. Recomienda trabajar con una grenetina que permita lograr una firmeza equilibrada y facilite el desmolde, especialmente en técnicas como el transfer: “con una cucharadita extra de grenetina pueden lograr una firmeza adecuada y trabajar mejor”. También sugiere cuidar las superficies para lograr una correcta fijación de la imagen y utilizar esencias para potenciar el sabor sin modificar el color: “una esencia les puede ayudar bastante para resaltar el sabor sin cambiar la gelatina”.


Gracias, Ana Karen porque tu historia refleja cómo un proceso creativo puede convertirse en un espacio de crecimiento personal y sostenido. Enhorabuena por tus logros y gracias también porque somos ingrediente en tu transformación.