A una gelatina puedes darle forma a tu gusto; ahí dejas el amor por este oficio
Hay caminos que no se planean, pero se reconocen cuando empiezan a tomar forma. El de Elizabeth Espíndola comenzó con una curiosidad sencilla y se fue convirtiendo, con el tiempo, en un oficio que le permitió crecer, confiar en sí misma y compartir lo aprendido. Su historia no es la de un éxito inmediato, sino la de alguien que decidió aprender desde la base, equivocarse, repetir y quedarse.
Desde el inicio, los productos Duché formaron parte de ese proceso de aprendizaje. “Con Duché fue con la primer grenetina que trabajé”, recuerda Elizabeth. Con el tiempo, su relación con los productos se volvió más consciente y técnica. Sobre la grenetina, es clara: “Para mí no hay mejor grenetina, aunque si la sabes hidratar, es como te va a quedar bien tu gelatina; si no la sabes hidratar, ya no es cosa de la grenetina, es cosa de uno mismo”. También destaca una ventaja práctica que para ella ha sido importante: “Es una marca comercial que en todos lados la encuentra uno”. En cuanto a las esencias, su experiencia se basa en el control del sabor: “No hay que utilizar mucha para que el sabor sea el más parecido a lo que es la fruta”.
¿Quién es Elizabeth Espíndola?
Elizabeth siempre se ha reconocido como una persona creativa. Aprende observando, disfruta trabajar con las manos y encuentra en las manualidades una forma natural de expresión. Aunque la cocina estuvo presente desde antes, la repostería no era su prioridad. La gelatina apareció después, cuando empezó a ver contenidos en redes sociales y sintió que ahí había algo distinto. “Lo mío son las manualidades… soy muy creativa”, dice, resumiendo una forma de estar en el mundo que atraviesa todo lo que hace.
El inicio: “¿Será cierto?”
Su primer acercamiento fue a través de una clase anunciada en redes. “Dije: ‘¿será cierto?’… vamos, no perdemos nada”, recuerda. Lo que comenzó como una prueba se transformó en decisión cuando entendió que la gelatina no era solo un postre, sino un proceso. “A lo mejor no sabe uno todo el contexto que lleva detrás de lo que es la gelatina”. Ese descubrimiento la llevó a inscribirse en la universidad virtual de la gelatina y cursar una formación de tres cuatrimestres.
Ahí aprendió desde el origen: qué es la grenetina, cómo se obtiene, cómo se hidrata y cómo influyen los procesos en el resultado final. Fue un aprendizaje técnico, pero también una forma de mirar distinto lo que antes parecía simple.
Aprender y enseñar al mismo tiempo
En el segundo cuatrimestre, Elizabeth fue nombrada asesora. Apoyaba a otras alumnas resolviendo dudas, revisando trabajos y acompañando procesos en un entorno completamente virtual. “El profesor daba las clases en vivo… nos dejaban la técnica, enviábamos la imagen y nos evaluaban”, explica. Sin buscarlo, empezó a enseñar.
Al principio no se sentía capaz. “Yo antes decía: no sirvo para dar clases, no me siento capaz”. Sin embargo, decidió intentarlo. Con el tiempo, los nervios se transformaron en soltura. “En cada live al principio te dan nervios, pero ya te vas acostumbrando”.
Una transformación que va más allá de la técnica
El cambio no fue solo profesional. Elizabeth reconoce un proceso personal importante. “Tomé terapia… me quité cosas que no tenía que tener… soltar cosas te libera”. Esa liberación se reflejó en su manera de comunicarse, de mostrarse y de conectar con otras personas.
Los momentos de reconocimiento llegaron de forma discreta pero significativa. “Se siente bonito cuando te identifican, cuando te saludan y te dicen que les gustaron tus clases”, cuenta. Para ella, esos encuentros confirmaron que compartir conocimiento también construye comunidad.
Técnica, sabor y creatividad
Elizabeth disfruta trabajar técnicas como el encapsulado, el vitral y la gelatina bidimensional, y se siente especialmente cómoda con las recetas gourmet. Su enfoque parte del gusto: “Lo principal es el sabor y ya de ahí la vista, para que de la vista nazca el amor por el producto”. Le interesa combinar sabores menos comunes y salir de lo predecible.
Hay técnicas que sigue explorando, como el inyectado, que reconoce como un terreno de práctica constante. Para ella, dominar una técnica es repetirla hasta que el cuerpo la entiende.
El significado de la gelatina
Cuando Elizabeth habla de lo que representa la gelatina en su vida, lo dice con una frase sencilla y profunda: “Una gelatina la puedes fundir y volver a cuajar, darle forma a tu gusto; ahí dejas el amor por este oficio.” Esa posibilidad de volver a empezar, de ajustar y transformar, es parte central de su vínculo con este trabajo.
Un mensaje para quien empieza
Su consejo es claro: prepararse. “No solamente es hacer gelatinas de bolsita y listo”. Recomienda conocer desde el origen qué es la gelatina, medir correctamente, entender la hidratación y considerar factores como el clima. También insiste en probar poco a poco al usar esencias y dulzor. “Es mejor que le falte y no le sobre”, dice desde la experiencia.
Elizabeth sabe que el aprendizaje no siempre es lineal, pero cree firmemente en el valor del conocimiento. Su historia habla de constancia, de paciencia y de la posibilidad de construir un camino propio, una gelatina a la vez.
Desde Productos Duché te agradecemos, Eli por compartir tu historia, tu experiencia y tu forma honesta de entender la gelatina como oficio. Historias como la tuya nos recuerdan que detrás de cada técnica hay tiempo, estudio y sensibilidad, y que el verdadero valor del trabajo artesanal está en el proceso y en las personas que lo sostienen día a día. ¡Gracias!
Conoce más sobre Eli y síguela en sus redes
TikTok: @GeliDeliz
YouTube: @GeliDeliz64
.jpeg)



